Ante una ruptura matrimonial una de las cuestiones más controvertidas que surgen es la atribución del uso y disfrute de la vivienda familiar, que no de la propiedad puesto que si esta es de uno sólo de los cónyuges se seguirá manteniendo así, mientras que su uso y disfrute se puede conceder al otro cónyuge que no tiene la propiedad.

Uno de los aspectos más importantes para determinar la atribución del uso y disfrute de la vivienda familiar, es la existencia de hijos. Esto es así puesto que la jurisprudencia determina que en caso de existir hijos en común, el uso y disfrute de la vivienda se atribuye al cónyuge en cuya compañía queden conforme a lo establecido en la sentencia de divorcio.

En caso contrario, de no existir hijos en común, el uso y disfrute de la vivienda se atribuye al titular de la misma, salvo que el tribunal aprecie que en el cónyuge no titular concurren una serie de circunstancias que hiciera que fuera el más necesitado de protección, como pueden ser circunstancias económicas o de salud.

Asimismo, puede ocurrir que la vivienda conyugal sea propiedad de la sociedad de gananciales, en cuyo caso el uso puede ser atribuido a uno sólo de los cónyuges atendiendo a lo indicado anteriormente, pero los gastos que se deriven de la vivienda deberán ser sufragados por ambos cónyuges, salvo que la sentencia de divorcio establezca un reparto diferente de los gastos.

Ahora bien, el Tribunal Supremo dictó sentencia el 20 de noviembre de 2017 a través de la cual analiza el supuesto del cónyuge que tras serle atribuido el uso y disfrute de la vivienda familiar, comienza a convivir en la en la vivienda que le ha sido atribuida para su uso, con una tercera persona.

En esta resolución el Alto Tribunal acuerda que cuando se da tal circunstancia la vivienda pierde su naturaleza familiar, puesto que esta sirviendo de uso a una familia distinta. De tal forma, que se produce el cese de la atribución del uso y disfrute de la vivienda, así podemos concluir que el criterio determinante es que el uso y disfrute se mantendrá únicamente cuando se conserve el carácter familiar de la vivienda.

Finalmente, otra de las causas que con carácter general cesa el uso y disfrute de la vivienda familiar se produce cuando los hijos alcanzan la mayoría de edad y/o alcanzan la independencia económica.

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